martes, 12 de abril de 2011

Mi examen de sociología



Payasitos y payasitas:

¿Recuerdan los tiempos más sencillos, cuando el pastel de manzana tenía cachos de manzana, la gente retrasada mental podía ser llamada así, un viaje en tranvía costaba quince centavos y se ponían palomitas y tachecitos en las respuestas de los exámenes?. Oh, qué días, mis amigos, qué días añorables, sí sí sí. Pero ¿cómo es nuestro mundo ahora?. Nada cuesta menos de cincuenta devaluados centavos, la gente con capacidades diferentes se quema el techo de la boca con la cosa que traen adentro esas granadas químicas que son los pays de manzana de mcdonalds y mi maestra de sociología califica mis respuestas con una escala arbitraria que es aparentemente muy profesional.

Verán, yo hice examen para entrar a ciudad universitaria y noté lo chafas que son las personas solo porque lo dicen las reglas. Una de ellas es que no te dejan inscribirte si no tienes promedio mínimo de siete. ¿Que pasa si tienes 6.9, o como uno de mis amigos, 6.97?. Pues prepárate para ser tratado como un delincuente que le quiere robar educación a la máxima casa de estudios y si te falta algún papel a que las señoritas menopáusicas que se encargan de los trámites te griten, se te paren enfrente como para madrearte y te digan que, y cito: “si me vas a inventar una mentira, mejor inventame una buena”. Esto es así porque obviamente la calificaciónes que te ponen son exactísimas y reflejan fielmente todo lo que representa un ser humano.

Why so serious?. Yo pienso que nuestra urgencia por ser civilizados, por establecer y seguir reglas, nos está jodiendo mucho. Las reglas deben ser objetivas, pero no lo son y nunca lo serán totalmente. ¿Porqué?: porque las reglas surgen del sujeto o sujetos, es inevitable ensuciarlas de subjetividad. No digo que no intentemos ser objetivos, pero ¿porqué tomarse tan en serio?. Yo digo que si las reglas actúan en detrimento del individuo o del propósito mismo de la regla, es nuestra obligación no obedecerlas. Si existiera una regla que dijera que (acto malo) está bien, (acto malo) seguiría estando mal, ¿no?. No importaría que existieran reglas que nos hicieran sentir mejor con nosotros mismos por actuar así, sería igual de malo.

Y no es que sea mala onda, pero ¿cómo le voy a responder a la miss textualmente lo que dijo el autor en sus preguntas súper específicas y aún así vagamente planteadas? ¿Y ella cómo le hace para calificarme con punto cinco y después tacharlo y poner punto cuatro, con tanta seguridad?. No sé. ¿Cómo determina ése punto uno, en serio?. ¿Qué es, una calculadora? En la página quince párrafo segundo al cuarto ¿cuál me parece a mí, tu maestra querida, que es uno de los más importantes papeles de la educación?

Por ejemplo, y no es que eso haga mi respuesta menos válida, pero en la pregunta dos podríamos decir que sí que estoy mal, porque se me fue la onda y pensé que preguntaba por educación en lugar de comunicación. ¿Qué puedo decir?: llegué tarde y estaba muy desvelado. Eso no lo tomó en cuenta la profesora para calificarme, y aunque la profesora no lo sabía -no podía saberlo- eso no lo hace menos injusto. No sabe si fue porque estaba fiesteando o porque estaba cuidando niños pobres en el orfanato.


Peeeero... en las otras preguntas admite que mis respuestas tienen cierto grado de verdad. ¿Porqué no solo pone palomita y ya y abajo su corrección?. Obviamente lo leí y lo entendí: simplemente usé otras palabras. Sí me andaba sacando un ocho, chavos.

Y neta, no es que me enoje, pero ¿no es sugestivo que hasta me corrigiera donde, por las prisas, abrevié Bordieu EN LA PREGUNTA? Ja ja ja ja, ¿ya, no?

Sigan sonriendo!

Payasito

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